Leo J. Anderson/ Opinión
Hay cosas que pueden esconderse detrás de cuatro paredes. Un perro amarrado, flaco, sin agua, viviendo entre suciedad o en condiciones deplorables, muchas veces no.
Está en el patio, detrás de una reja, a la vista de los vecinos.
Quizá eso sea precisamente lo más inquietante de algunos casos de maltrato animal: que ni siquiera existe demasiado interés por ocultarlo.
Durante septiembre, la Fiscalía de Distrito Zona Norte informó que realizó 11 cateos en Ciudad Juárez y rescató a 55 animales de compañía: 48 perros y siete gatos.
No son casos donde la autoridad simplemente llegó porque sí. Según la información proporcionada sobre estos procedimientos, generalmente son los propios vecinos quienes denuncian. Primero interviene la Dirección de Atención y Bienestar Animal, se hacen llamados y se pide a los propietarios mejorar las condiciones.
Cuando no hay respuesta, el caso escala hasta la Fiscalía y puede terminar en una orden de cateo.
Aun así, hay quienes se molestan cuando les retiran al animal.
Como si el problema fueran los vecinos entrometidos, DABA o la Fiscalía.
El problema real está en considerar normal que un ser vivo permanezca en condiciones miserables.
Por eso surge una pregunta incómoda:
Si así tienen al perro que está afuera, ¿cómo estará lo demás?

No significa que toda persona que maltrata o descuida a un animal necesariamente haga lo mismo con su familia. Afirmarlo sin pruebas sería irresponsable.
Pero sí dice algo sobre la forma en que alguien entiende conceptos básicos como responsabilidad, cuidado y empatía.
Un perro depende completamente de la persona que decidió tenerlo. No puede mudarse, conseguir comida, quitarse una cadena o pedir ayuda.

Cuando alguien observa todos los días que ese animal tiene hambre, sed, heridas o vive rodeado de suciedad y aun así sigue con su vida como si nada ocurriera, existe cuando menos una preocupante normalización del sufrimiento.
Más inquietante resulta que, de acuerdo con el comentario proporcionado sobre estos operativos, en algunos cateos las autoridades han encontrado que las malas condiciones no se limitan a las mascotas, sino que también existen menores o adultos mayores viviendo en entornos preocupantes.
Entonces la pregunta ya no parece tan exagerada.
Tal vez el perro del patio solamente sea lo primero que los vecinos alcanzaron a ver.
El maltrato tampoco siempre comienza con una escena escandalosa. Muchas veces se esconde detrás de frases bastante conocidas:
“Siempre ha vivido así”.
“No le pasa nada”.
“Es nomás un perro”.
Hasta que alguien decide denunciar.
Tener una mascota implica responsabilidad. Si alguien no quiere alimentarla, atenderla, darle agua, espacio y condiciones dignas, existe una solución bastante sencilla:
no tenga animales.
Un perro no es una alarma, un objeto decorativo para el patio ni algo que pueda abandonarse hasta que alguien más se apiade.
Estos 55 animales rescatados deberían servir también para mirar un poco más allá de la reja
Porque cuando el sufrimiento está frente a todos y al responsable parece no importarle siquiera esconderlo, vale la pena preguntarse qué otras cosas habrá aprendido también a considerar normales.
A veces el perro no solamente necesita ayuda.
A veces también está avisando que dentro de esa casa algo no anda bien.
Dardo y dando / Opinión Al Tiro




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