Ciudad Juárez— El último aliento de vida se le escapó en una silla metálica, con la boca entreabierta y la mirada perdida en un limbo de dolor. Nadie pudo hacer nada.
Una mujer, aún sin identificar, fue brutalmente baleada en la espalda en la colonia Aztecas. Su verdugo (o quizá un alma con un ápice de conciencia) la subió a un auto y la dejó en una clínica particular de la colonia Santa Rosa, para luego desaparecer como un fantasma en la noche.

Apenas pudo sostenerse en la silla de la sala de espera. Su piel ya pálida y la sangre en su ropa narraban la urgencia, pero la bala que le perforó el cuerpo ya había sentenciado su destino. La muerte se la llevó sin darle tiempo de explicar quién era o por qué la atacaron.
Policías municipales llegaron al Sanatorio de Jesús, ubicado en las calles Sevilla y Polonia, solo para confirmar lo inevitable: la violencia le había arrebatado la vida antes de que alguien pudiera salvarla.
Con este caso, la Fiscalía General del Estado suma 86 homicidios en lo que va de marzo. La historia de esta mujer se une a la lista de víctimas que mueren víctimas de violencia en esta frontera.



