La tarde caía sobre Ciudad Juárez cuando tres militares, recién salidos del regimiento para disfrutar de unos días de descanso, caminaron por un paraje solitario bajo un puente. No imaginaban que su camino los llevaría a un giro en su agenda.

Apenas pusieron pie en la zona de tierra y piedras, notaron algo fuera de lugar: un cuerpo inerte y maltratado yacía en el suelo, con rastros evidentes de violencia. ¿Un homicidio? ¿Un suicidio? No lo sabían, pero sí tenían claro que la autoridad debía enterarse.
Sin dudarlo, sacaron sus teléfonos y marcaron a la Policía Municipal. Sin embargo, cuando los agentes arribaron al sitio, su respuesta no fue la que esperaban. En lugar de agradecerles el aviso, los esposaron y los subieron a la patrulla. “Es para deslindar responsabilidades”, les dijeron.

El descanso soñado de los militares terminó entre rejas y papeleo. Mientras la investigación continúa, solo hay algo seguro: aquel hombre sin vida bajo el puente no solo perdió la suya, sino que también le arruinó el descanso a tres soldados que, en el peor de los giros del destino, terminaron tras las rejas en lugar de un merecido reposo… ¿O tendrían algo qué ver?



