miércoles, septiembre 2, 2026
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ENTRE EL PASADO Y LA SAL; LECCIONES DE LOT

Ponte Al Tiro

Hay historias que parecen inventadas nomás para sacudirnos de nuestro letargo, y la de la esposa de Lot es una de esas. El libro de Génesis cuenta que la señora, mientras corría con la familia para salvarse de la destrucción de Sodoma y Gomorra, no aguantó la tentación de voltear atrás y pum: se convirtió en columna de sal.



No es un cuento de terror barato, es una metáfora bíblica bien chingona: (Génesis 19:26) quedarse mirando al pasado, masticando culpas o nostalgias, te petrifica, te vuelve estatua en medio del camino cuando lo que urge es seguir andando.



El detalle es que nosotros, los mortales de carne, hueso y deudas atrasadas en Coppel, solemos hacer lo mismo. Nos quedamos atorados en “si hubiera dicho”, “si hubiera hecho”, “si no la hubiera cajeteado”. Y ahí estamos, lamiéndonos las heridas como perro necio, mientras la vida pasa más en chinga que rutera Tierra Nueva en hora pico.



No digo que no se pueda recordar. La nostalgia tiene su gustito, como cuando pones la rolita de Eterna Soledad de Enanitos Verdes y por un rato el justo en el cora se siente chido.

Pero vivir con el retrovisor atascado es otra cosa: frena, desgasta y nos condena a una vida de “hubieras” que ni el INE reconoce.



El psicólogo Mariano Sigman lo dice claro en su libro ‘El Poder de las Palabras’: todos creamos fábulas de nuestro pasado. A veces lo pintamos como Disneylandia (un pasado muy glorioso que tal vez ni lo fue tanto) y otras veces lo recordamos con crueldad, como si fuéramos Malvina Morantes Viuda de Del Olmo en María Mercedes.


El chiste no es borrar recuerdos ni disfrazar culpas, sino aprender a ver dónde estamos siendo demasiado ingenuos y dónde demasiado duros. Porque la memoria no es un archivo muerto, es la plastilina con la que moldeamos nuestra identidad. Y si moldeas tu presente con puro reproche, pues obvio terminas tallándote una estatua de sal personalizada.



La neta es que vivir es avanzar, aunque sea cojeando. No hay otra. Si sigues cargando con lo que no hiciste, te roba la energía para lo que sí puedes hacer hoy. Es como tratar de correr una carrera con una mochila llena de piedras: ni llegas lejos ni disfrutas el trayecto. Y lo más estúpido es que esas piedras ni siquiera son reales en este momento; son recuerdos, culpas, reproches que ya no tienen carne, nomás sombra.



Lo pasado es maestro, no verdugo. Sirve pa’ aprender, no pa’ vivir encadenado. Y si de algo hay que cuidarnos es de la parálisis emocional que da la culpa. El autocuidado no son solo dietas o dormir ocho horas; también es aprender a soltar, a mirar hacia adelante sin que el corazón se te congele en recuerdos. Sí, la nostalgia está bien, como una chela fría un domingo, pero quedarse ahí clavado emborrachándose todo el méndigo día es otra cosa: es rendirse.



Así que la próxima vez que la tentación de mirar atrás te jale de la camisa, acuérdate de la esposa de Lot. Volteó y quedó de estatua. Tú, mejor sigue caminando, aunque el viento te despeine, aunque el futuro huela a incertidumbre. Porque el presente es el único terreno que podemos sembrar, y si lo desperdiciamos rumiando culpas viejas, lo único que cosechamos es sal. Tú nomás sigue caminando.

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