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‘El Dream’, pesadilla en Ciudad Juárez

Jorge Ernesto Sáenz, El Dream, encarnó al prototipo de pandillero postmoderno: sangre fría al asesinar policías, escurridizo en sus fugas del Cereso, talentoso para el arte y temerario al fundar la pandilla que actuaría como brazo armado del cártel que irrumpió aquí para socavar a la entonces imbatible organización de los Carrillo Fuentes; los Artistas Asesinos.

En gran medida la recomposición de la mafia en Ciudad Juárez se debe a su pandilla, también conocida como los “Doble A” o “Los Doblados”.

“El Dream” era tan huidizo, disímbolo y etéreo que su vida parecía haber salido realmente de un sueño o de una novela de misterio; alto, delgado, pelo largo, mirada lánguida y ojos hundidos con marcadas ojeras.

El siniestro personaje se convirtió en el sicópata más arrojado y con el coeficiente intelectual más elevado de cuanto pandillero se haya apropiado de las calles de Juárez en los últimos tiempos.

Sin embargo, al amanecer del 4 de marzo del 2009 se cumplió la sentencia de muerte que el grupo rival había decretado contra el jefe indiscutible de los AA, mediante un diabólico plan que llevó a varios reos de Los Aztecas hasta su celda para sacarlo a rastras y arrojarlo de cabeza desde una altura de 12 metros.

Su cabeza pegó de lleno en el duro cemento del entonces Cereso Estatal y así acabó la pesadilla encarnada en Jorge Ernesto, pero no la organización que había fundado siete años antes.

HISTORIA DE UNA PESADILLA

Fue un ocho de diciembre de 1982 cuando nació Jorge Ernesto Sáenz o Hugo Iván García Villa o Gabriel Gandarilla Muñoz, como se autobautizaba El Dream para confundir a la policía durante sus escalofriantes fechorías.

Hijo de madre soltera, Eduwiges Sáenz, el sicópata abandonó sus estudios en tercero de secundaria para sacar provecho a su astucia, convirtiéndose en un profesional de la vagancia y del crimen cuando aún vivía bajo el techo de la casa materna en el 1412 de Laguna de Tejalpa en la colonia Morelos Dos.

Desde chico El Dream lideró una peligrosa y despiadada banda de asaltantes-grafiteros que encomendaban sus “trabajos” al diablo mediante sendos ritos.

A finales de los 90´s El Dream se integró a la pandilla de Los Bufones, cuando estos grafiteros peleaban bardas y territorios a otras gangas como El Barrio del Silencio,  Los Quintero y Los Guasones.

Entonces Jorge Ernesto era respetado e incluso admirado por la calidad de sus grafitis, pues tenía un talento innato para el dibujo.

Los adolescentes del suroriente, muchos de ellos de la Secundaria Técnica 60 –ubicada cerca de la Jilotepec- pronto aprendieron a imitar y a respetar a El Dream como su caudillo.

Éste degustó el sabor de la sangre por primera vez aquel 12 de enero del 2000 durante un asalto en el que mató al empresario joyero, Jesús López Cadena, en el centro comercial denominada Plaza del Reloj.

Sin embargo su minoría de edad –tenía 17 años entonces-, sirvió de excluyente de responsabilidad para que el más arrojado de Los Bufones no fuera procesado.

Ese día El Dream huyó de la joyería ubicada sobre la avenida Jilotepec (ahora Manuel Clouthier) en una camioneta Ford Probe, modelo 91 y placas de Texas FDB-610, cargando una bolsa que contenía 20 mil dólares en finas joyas, además de 3 mil dólares en efectivo.

El cadáver del empresario yacía junto a la puerta del negocio, en donde también quedó herido uno de los asaltantes, pues el joyero alcanzó a defenderse con una navaja.

Así fue como el pandillero Eduardo Montes Talavera, de 18 años, fue capturado por la policía.

Su pensamiento era tan aguzado y maquiavélico que orquestaba dos “golpes” o “jales” al mismo tiempo y en diferentes partes de la ciudad, para sorprender y confundir a las autoridades.

Además de ser el jefe de Los Bufones, Jorge Ernesto era líder de otra banda aun más aventurada: Los Siete.

LO PROTEGÍAN “LOS CAPITANES” DE LA MUNICIPAL

El grupo criminal de Los Siete se autodenominó así porque eran siete sus integrantes, cada uno –a su vez-, jefe de una pandilla de delincuentes y quienes solo se juntaban para dar “grandes golpes”.

Uno de los miembros de Los Siete era un policía municipal de nombre Gerardo Medina Hernández, El Gerry, adscrito a la entonces Estación Aldama.

En realidad los verdaderos creadores del nuevo Frankestein en que se convirtió Jorge Ernesto fueron los propios mandos de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, ya que en un principio El Dream trabajó bajo las órdenes de una cofradía de esa dependencia denominada “Los Capitanes”.

Días después del violento asalto a la joyería, Los Bufones robaron la empresa denominada “El Poder de la Naturaleza”, ubicada en Pedro S. Varela y Américas, número 1058, local C.

Empero una pareja de policías que pasaba en su unidad se dio cuenta del atraco, por lo que El Dream ordenó al  pandillero Jesús Manuel Marcial Marrufo que los repeliera con la pistola.

El agente Enrique González Moreno respondió el fuego e hirió al pistolero en una pierna, mientras el resto de la pandilla huía del lugar.

Uno de Los Bufones, Mario Alberto Martínez Domínguez,  quiso confundirse con la clientela que estaba tirada en el suelo, algunos de ellos amordazados.

Fue el dueño del negocio quien delató al asaltante que se había acostado en el piso, mismo que fue detenido mientras su jefe, el escurridizo Dream, se había escabullido del lugar a bordo de una camioneta tipo Van.

SE DESATA LA CADENA DE HOMICIDIOS

A menos de un mes de haber dado muerte al joyero, el 9 de febrero del 2000 la banda de Jorge Ernesto asaltó la empresa maquiladora Convertors de México, sito Acacias y Arcadias, en donde El Dream asesinó al obrero Miguel Ángel Serrano Alarcón, de 27 años, cuando con valor éste intentó evitar el robo.

Tras sucesivos atracos, entre ellos los perpetrados a: Feria Expo Juárez 2001, Contec del Parque Industrial Fuentes, Higiénicos de la Frontera, Casa de Cambio Moreno y Siemens –de donde hurtaron 600 mil pesos-, finalmente el líder de Los Bufones fue capturado el 30 de agosto del 2001.

Dos meses antes, operando con su grupo de élite llamado Los Siete, El Dream había asaltado la empresa Trajusa, enclavada en Gómez Morín y Carretera Internacional, en donde se apoderaron de un botín de 200 mil pesos.

Los facinerosos huyeron en un Taurus, modelo 1992, mismo que más tarde abandonaron muy cerca de la alberca La Rosita, allá por su rumbo de la Jilotepec.

En ese lugar los delincuentes abordaron dos camionetas –una Navigator y una Expedition-, las cuales fueron interceptadas por la policía y en donde se recuperaron los 200 mil pesos.

En el operativo fueron detenidos cuatro de los asaltantes; José Guadalupe Cadena Ortiz, Mario Murguía Padilla, Jesús Gabriel Méndez y Luis Figueroa Torres.

Sin embargo nadie supo cómo escapó esa vez El Dream, quien se desapareció en un instante como por arte de magia.

Sesenta días después de ese acto de escapismo, Jorge Ernesto fue apresado junto a otro de sus cómplices –Eliseo Esparza Medina-, cuando caminaba tranquilamente por el cruce de Membrila y Hospital de la zona centro.

Fue entonces que la misma Fiscalía Especial para la Investigación de Asaltos a Negocios filtró a la prensa el rumor de que El Dream era protegido por varias “personalidades”.

Después se supo que había una cofradía en la Policía Municipal, conocida como “La Mafia de los Capitanes”, quienes eran los que protegían al sicópata.

LAS REJAS NO DETIENEN A EL DREAM

Eran las cuatro y media de la tarde  de aquel jueves 26 de julio del 2002 cuando arribó al Cereso la madre de El Dream, acompañada de Jesús Marcial Marrufo, de 19 años, hermano del pistolero herido en el atraco  a la tienda naturista.

Éste se dirigió a la habitación 9 –la que ocupaba Jorge Ernesto-, y entregó su gafete de “Visitante” al peligroso criminal, con quien intercambió la ropa pues aquel le había ofrecido un pago de mil dólares por ayudarlo a evadirse.

Con antelación el Dream se había procurado la tinta indeleble con que se marca a los visitantes del penal, por lo que sin contratiempos se fugó del Cereso el siniestro personaje.

La madre del evadido –de 45 años entonces-, al igual que Jesús Marcial, también fue detenida, pero solo momentáneamente, puesto que ayudar a escapar a un familiar es una excluyente de responsabilidad.

Así fue como de nueva cuenta los asaltos en la ciudad se multiplicaron, pues El Dream volvía a entrar en acción.

El reloj marcaba las tres de la tarde con veinte minutos del 9 de agosto del 2002, cuando varios sujetos se trasladaban de manera sospechosa a bordo de una Blazer por el cruce de Barbachano y Desierto de Arizona del Fraccionamiento Hacienda de las Torres.

Los Bufones iban a asaltar una maquiladora cuando en el trayecto los abordaron los policías de la Estación Babícora que tripulaban la unidad 350.

Entonces El Dream descendió de la Blazer con una pistola en cada mano -puesto que era ambidiestro y disparaba con las dos manos-, pero los policías conocían al líder pandillero y primero sostuvieron con él una plática que derivó más tarde en una fuerte discusión, hasta que se desató la balacera.

El agente Ubaldo Cruz González, de 29 años, intentó huir corriendo pero recibió dos tiros mortales en la cabeza. No obstante, Jorge Ernesto, se acercó para rematarlo con el tiro de gracia.

Su pareja, Gregorio Acosta Martínez, de 22 años, recibió tres plomazos -uno en el cuello-, pero logró sobrevivir.

Un agente de la Dirección de Tránsito, Jorge Alberto Pérez Corral, se acercó al lugar de los hechos solo para recibir dos balazos en el estómago. Finalmente salvó la vida de manera milagrosa.

SE DESATA LA CACERÍA DE EL DREAM

La cacería del facineroso se desató en el suroriente de la ciudad y continuó en el Parque Industrial Bermúdez, en donde éstos se impactaron contra una barda en Tomás Fernández y Parque Juárez.

Enseguida amagaron con una pistola al conductor de una camioneta de reparto de la Tortillería Puga, para poder continuar la fuga.

Sin embargo nuevamente chocaron los pandilleros, ahora con una barda del Fraccionamiento Los Parques, frente al edificio Torres Campestre, en donde fueron detenidos algunos miembros de la banda.

Dos de los delincuentes huyeron a pie, pero fueron atrapados minutos después en el relativamente cercano Motel La Siesta (frente a Hipermart), en donde les encontraron una pistola Smith and Wesson y una metralleta Intra Tec.

Los detenidos: Hugo Iván García Villa (en realidad Jorge Ernesto Sáenz, El Dream), Samuel López López, Luis Nieto Solís, Jaime Eduardo Gómez y Alfredo Gómez.

“Al penal llegaron juntos como banda y adentro se seguían juntando como banda”, dijo el entonces director del Cereso local, Arturo Herrera, sin saber que se estaba refiriendo al nacimiento de una terrible pandilla, cuya organización y organigrama sería puesta después al servicio del Cártel de Sinaloa.

El 31 de agosto del 2002 la mayoría de los bufones fueron trasladados al penal de San Guillermo en la capital del estado.

El Dream también estaba en la lista de los reos que serían trasladados, pero inesperadamente el Juzgado Séptimo de Distrito le concedió un amparo (510/2002) y, además, el juez ordenó que fuera sacado de la celda de castigo en donde permanecía como una medida de seguridad.

Empero el sicópata volvió a escapar: eran a las ocho con cincuenta minutos de la noche del 27 de enero del 2003 cuando El Dream volvió a fugarse del Cereso.

Esta vez se escurrió de la celda de máxima seguridad, subió al techo del penal y brincó al estacionamiento, en donde afortunadamente fue recapturado y en donde ya los esperaban sus cómplices a bordo de una camioneta Ford y una Silverado, ahora todos ellos bajo una nueva divisa: Los Artistas Asesinos (AA).

Para alejar a la policía del penal, los AA asaltaron a esa misma hora un centro comercial ubicado en Santiago Blancas y Avenida de las Torres, en donde no se tentaron el corazón para asesinar al agente Efraín Alvarado Venegas, de 35 años.

LOS AA APUNTALAN AL NUEVO CÁRTEL

Tras la fallida fuga, los custodios registraron la celda del malviviente y encontraron varios croquis de una maquiladora del Parque Bermúdez, en donde estaba anotada la hora en la que los camiones de protección llegaban con el dinero del pago de la nómina, poniéndose al descubierto que los “Doblados” planeaban sus golpes tras las rejas.

Desde entonces el cuartel general de Los Artistas Asesinos fue el mismo Cereso, en donde El Dream decidía el destino de vidas y haciendas al planear los robos, secuestros e incluso asesinatos.

Tras los barrotes, en el 2002, El Dream se reencontró con otro pandillero que al igual que él también había sido carne de cañón del Tribunal para Menores, Eder Ángel Martínez Reyna, alias El Shaik, asesino confeso del paseño, Nelson Martínez Moreno, en la esquina de Vicente Guerrero y Brasil.

El Dream y El Shaik eran vecinos de barrio –éste último de Bosques de Salvárcar-, compartían el gusto por el dibujo, habían coincidido en muchas ocasiones en el Tribunal para Menores y ahora compartían espacios en el Cereso, erigiéndose ambos como los pilares de la naciente organización de los AA.

Incluso, en marzo del 2004, la dirección del penal improvisó una habitación especial para los reos más peligrosos, entre ellos El Dream y El Shaik.

Eran los tiempos en que el barrio de Los Aztecas rifaba y tras ellos sus acérrimos enemigos, Los Mexicles, que siempre debieron conformarse con las migajas que aquellos les dejaban en el mapa criminal de la frontera.

Sin embargo los AA irrumpieron como meteoros en el bajo mundo del hampa –principalmente en el suroriente de la urbe-, lo que fue advertido por el Cártel de Sinaloa que anhelaba esta plaza y con el que finalmente El Dream se asoció.

Entonces Jorge Ernesto, El Dream, firmó su sentencia de muerte.

“CIUDAD JUÁREZ, Chih. 4 de marzo del 2009.- Internos de la banda de Los Aztecas, perteneciente al cártel de los Carrillo Fuentes, sometieron a custodios del Centro de Readaptación Social estatal de esta frontera y masacraron a 20 reos y lesionaron a otros siete, todos integrantes de los grupos conocidos como Los Artistas Asesinos y Los Mexicles, afines al cártel de Sinaloa de Joaquín El Chapo Guzmán Loera”, publicó el día de la masacre la agencia Notimex.

UN REO FUE DECAPITADO Y OTRO ESTACADO

La noche del martes 3 de marzo del 2009 un grupo de 16 pandilleros Aztecas que gozaban del privilegio de la vista conyugal -con un plan perfectamente definido- entraron a esos dormitorios del nuevo Cereso, alejado unos 30 kilómetros al sur de la mancha urbana de Juárez, sobre la carretera Panamericana.

Con antelación se les había hecho llegar una lista con los nombres de los reos que deberían ser asesinados a la mañana siguiente, misma que era encabezada por El Dream y por sus secuaces de los AA, además de otros presos pertenecientes a Los Mexicles.

Al regresar a sus respectivas habitaciones después de salir del área de la visita conyugal –a las seis de la mañana del miércoles 4 de marzo-, Los Aztecas amenazaron a un custodio con una punta para que les entregara las llaves del módulo cinco, de donde sacaron al resto de sus compañeros.

Eran unos 150 reos Aztecas que salieron en turba a buscar a los AA que se hallaban en la Habitación de Alta Seguridad.

 Con las llaves en su poder el grupo agresor se dirigió a esa habitación y fueron abriendo celda por celda y arrancaron puertas para sacar a rastras a los integrantes de las bandas rivales.

Ya afuera los ejecutaron a golpes y con armas blancas y de fuego, de las conocidas como hechizas que fabrican los propios internos utilizando cartuchos que meten de contrabando.

Uno de los reclusos fue decapitado, otro más fue estacado, a otro le desfiguraron el rostro a golpes y varios más fueron tirados desde el último piso del edificio -aproximadamente desde 12 metros-, entre ellos El Dream.

En total murieron 20 reos y siete resultaron heridos. Tras la carnicería, el jefe de Los Aztecas dijo:

“Ya estuvo. Se acabó, ya cumplimos con el jale” y luego entregó su arma a un custodio y se encaminó a su módulo. (Autor del texto: Moisés Villeda)

“El Dream” era tan huidizo, disímbolo y etéreo que su vida parecía haber salido realmente de un sueño o de una novela de misterio; alto, delgado, pelo largo, mirada lánguida y ojos hundidos con marcadas ojeras
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