Ponte Al Tiro
En los barrios de los 90s, donde las tienditas todavía fiaban y el frutsi se servía en bolsa, no podía faltar una lata amarilla con un perro sonriente: los Can-O, esa legendaria comida para perros que olía tan fuerte que hasta los gatos se cambiaban de banqueta.

Dicen los viejos del barrio que esos tiempos eran más rudos: los perros comían lo que caía del plato, dormían en el techo y se bañaban con la manguera. Pero cuando aparecía un Can-O, se armaba la fiesta. Era el lujo de los lomitos de antes, esos que no conocían croquetas “premium” ni veterinarios nice con bata blanca.

El producto desapareció hace ya varios ayeres, porque supuestamente no cumplía las normas de salud. Que si tenía químicos, que si era tóxico… pero, honestamente, ¿qué no lo era en los 90s? Si hasta el agua de la manguera sabía a nostalgia y fierro viejo.
Y como en todo lo bueno de aquella época, nacieron las leyendas urbanas: que los taqueros la usaban para los tacos de la esquina, que algún vecino la probó y dijo que sabía mejor que la carne molida del súper, que los perros se volvían “adictos”. Chismes de barrio que nadie comprobó, pero todos contaron.

Hoy, ver una lata de Can-O es como encontrar una vieja cartelera del Neri Santos anunciando alguna lucha de Eddy Guerrero : pura reliquia. Los perros modernos ni la olerían, pero los de la vieja guardia seguro moverían la cola al verla.
¿Tú te acuerdas de los Can-O o también te contaron que eran parte del menú de los tacos de Don Goyo?



