Ponte Al Tiro
Ciudad Juárez— En Rincones de San Marcos no cayó un desconocido. No fue un ladrón improvisado ni un tipo al que nadie había visto. Lo que entró a esa casa fue la peor desgracia: alguien de confianza, un joven que se ganó el cariño de las dos hermanas mayores, que hablaba con suavidad, que se movía en el domicilio como si ya fuera parte del paisaje. Esa cercanía fue el arma que usó para destruirlo todo.
La madrugada del domingo, policías municipales recibieron el reporte de una mujer desesperada en Ramón Rayón y Durango. Era la hermana de Irma, la señito de 77 años. La habían dejado abandonada afuera del S-Mart por un chamaco que ella conocía bien: Julián, unos 20 años, sonrisa de inocente y un talento especial para engañar a las personas que menos lo merecen.
La mujer contó que Julián llegó a la casa como siempre, con esa actitud de “no pasa nada”. Le dijo que la acompañara en el Volkswagen familiar, que la ayudaría con un pendiente rápido. La convenció sin esfuerzo, como solo puede hacerlo quien ya se había ganado su confianza. Pero apenas arrancó el carro, el muchacho cambió de papel: la llevó lejos, la bajó en el estacionamiento del súper y desapareció con el vehículo. Ella quedó ahí, confundida, sin dinero, sin rumbo y con el presentimiento de que algo peor estaba pasando en su casa.
Los oficiales la regresaron hasta Miguel Allende y Cerro de las Campanas. Los vecinos vieron su angustia y ayudaron a entrar al domicilio. Y ahí vino el golpe que no se olvida: Irma tendida en la sala, sin vida, con golpes en la cabeza. La mujer que siempre abría la puerta con amabilidad fue asesinada en su propio hogar, por alguien que también conocía esa misma puerta.
El Volkswagen no ha aparecido. Julián tampoco. Lo único claro es que Irma se convirtió en la cuarta mujer asesinada del mes y este crimen subió a 40 los homicidios de noviembre. Una cifra fría que, cuando tiene nombre y rostro, se vuelve insoportable.
La familia contó que no es la primera vez que la casa vive violencia. Hace años, el hijo de Irma fue atacado ahí mismo, como si el domicilio cargara una sombra que nadie ha podido espantar.
Hoy la policía busca al joven que convirtió la confianza en traición y la traición en homicidio. Un muchacho que entró a esa casa como si fuera parte de la familia… y salió como asesino. Porque el daño más profundo no fue solo el robo del carro: fue la confianza rota que dejó una vida apagada en la sala.



