Ponte Al Tiro
El monóxido no entra corriendo ni rompe ventanas. No grita, no huele, no hace escándalo. Es de esos enemigos que se sientan en la esquina del cuarto, esperan y, cuando te das cuenta, ya te robó el aire. Literal. Te apaga sin pedir permiso, como si bajara un interruptor que nadie sabía que existía.
Ese gas es traicionero por diseño. No se ve, se acumula, desplaza el oxígeno y convierte un espacio cotidiano en una trampa. La explosión, cuando ocurre, no es el inicio del problema. Es el final. Antes de eso ya hubo fuga, ya hubo descuido, ya hubo tiempo perdido.
Hace unos días, en Ascensión, Chihuahua, ese enemigo silencioso cobró una vida. Silvia Elizabeth R.H., de 33 años, murió intoxicada dentro de su propia casa. Estaba bañándose, haciendo lo más normal del mundo, cuando el monóxido le ganó la carrera al oxígeno. Su esposo, Cristian Eduardo R.A., sobrevivió, pero tuvo que ser hospitalizado. La diferencia fue mínima. A veces la línea entre vivir y morir cabe en un respiro.
El error fue tan común que da miedo: el bóiler estaba instalado dentro del baño. Peritos de Protección Civil señalaron que, de manera preliminar, la línea de gas del calentador presentaba una fuga. El gas comenzó a escapar, el vapor ayudó a que se concentrara y el espacio cerrado hizo el resto. No hubo huellas de violencia en el cuerpo porque el agresor no deja marcas. Mata sin tocarte.
El domicilio, en las calles Membrillo y Del Carmen, en la colonia Centro de la cabecera municipal de Ascensión, no era un lugar extraño ni peligroso. Era una casa. Y ahí está el punto incómodo: el peligro no siempre viene de afuera. A veces está atornillado a la pared.
Las fugas de gas no son hechos aislados ni mala suerte. Son un problema constante. Instalaciones envejecidas, tanques en malas condiciones, bóilers donde no deben estar y revisiones que se van dejando “para luego”. Ese luego, muchas veces, llega tarde.
Los datos son claros y fríos. Entre 2024 y 2025 se recibieron 55 mil 794 reportes relacionados con incendios, explosiones y fugas de gas. Más de cincuenta mil llamadas que dicen lo mismo: algo se nos está escapando y no es solo gas.
La pregunta importante no es qué hacer después de una explosión o una intoxicación. La pregunta real es cómo evitar que una fuga llegue a ese punto. Y la respuesta no es un misterio. La norma establece que los tanques de gas deben permanecer a la intemperie, con ventilación natural, lejos de espacios cerrados y con distancias mínimas respecto a fuentes de ignición. El bóiler no va en el baño. No es exageración, es prevención.
A eso se suma el mantenimiento doméstico. Aunque no huela a gas, aunque “todo funcione”, las instalaciones deben revisarse al menos cada 12 meses. Y la revisión no es opcional cuando se cambian equipos, se modifica la instalación, el inmueble estuvo desocupado por largo tiempo o después de un sismo.
Los cilindros de gas LP tampoco son eternos. Su vida útil ronda los diez años. Si presentan corrosión, picaduras o deformaciones, se cambian. Sin negociaciones y sin parches improvisados.
Ante la mínima sospecha de fuga, la reacción debe ser inmediata: ventilar, evitar cualquier fuente de ignición y llamar al 9-1-1. No esperar a ver “si se pasa”. El monóxido no se pasa solo.
Porque actuar a tiempo frente al enemigo silencioso no solo evita daños materiales. Evita que una rutina diaria termine en una tragedia que nunca debió ocurrir.



