Nuevo México— El rugido de motores y la música quedaron opacados por una lluvia de balas. La noche del viernes, lo que parecía ser una reunión de jóvenes entusiastas de los autos en el estacionamiento de Young Park, se convirtió en una escena de horror. Tres adolescentes fueron ejecutados sin piedad y otras 15 personas quedaron heridas en un ataque a sangre fría.
Las víctimas mortales fueron identificadas como Dominick Estrada, de 19 años; Jason Gomez, de 17 años; y Andrew “AJ” Madrid, de apenas 16. Los tres cayeron bajo el fuego indiscriminado de los atacantes, quienes sembraron el pánico en una ciudad que no vivía una tragedia de esta magnitud desde la masacre de un boliche hace 35 años.

La Policía de Las Cruces informó que un joven de 20 años, Tomás Rivas, así como dos menores de 17 años, fueron arrestados como presuntos responsables de la balacera. Sin embargo, el móvil del crimen sigue siendo un misterio.

El caos comenzó pasadas las 10 de la noche. En cuestión de segundos, el estacionamiento se convirtió en un campo de batalla. Testigos recuerdan el estruendo de los disparos, los gritos de desesperación y el sonido de la gente corriendo por su vida.
“Nada parecía fuera de lo normal. Era una noche tranquila hasta que todo se salió de control”, relató Christian Salas, de 18 años, quien mostraba su Chevy del ’98 junto a su hermano menor cuando las balas comenzaron a volar. Corrieron sin mirar atrás. Tuvieron suerte.
Las autoridades recuperaron entre 50 y 60 casquillos desperdigados por el parque, una clara señal de que el tiroteo no fue obra de un solo pistolero. Todo apunta a una disputa entre dos grupos rivales, cuya sed de venganza terminó dejando a la comunidad de Las Cruces de luto.
Mientras la policía mantiene la zona acordonada y continúa con la investigación, la pregunta que flota en el aire es la misma: ¿qué llevó a estos jóvenes a apretar el gatillo sin medir las consecuencias?



