Minneapolis —La muerte de Renee Nicole Good en Minneapolis encendió otra vez la rabia contra el Immigration and Customs Enforcement. Una mujer ciudadana estadounidense, madre y poeta, terminó baleada durante un operativo migratorio que nunca debió tocarla. La versión oficial dice “amenaza”; los videos y testigos dicen otra cosa: ella intentaba irse y aun así le dispararon.
El caso huele a abuso de poder y a gatillo fácil, el mismo que se ha normalizado con las políticas de mano dura impulsadas desde Washington por Donald Trump. Operativos agresivos, agentes sin rendición de cuentas y un discurso que criminaliza primero y pregunta después.
En Minneapolis hubo protestas, velas y gritos de justicia. Porque cuando una agencia federal mata a una ciudadana y luego intenta justificarlo, no es un “incidente”. Es indignación pura y repudio a un sistema que protege al uniforme antes que a la gente.



