Ponte Al Tiro
Hoy es 8 de Marzo. Y no, no es una fecha que salió de la nada ni una moda reciente de redes sociales. Aunque para algunos todavía sea “el día en que marchan las mujeres”, la historia detrás de ese día tiene más de un siglo de rabia, lucha y memoria.

Para empezar, el Día Internacional de la Mujer no nació en Instagram ni en TikTok, ni “se le ocurrió a alguna feminista”, no señor. Sus raíces están en los movimientos obreros de principios del siglo XX.

En 1908, en Nueva York, unas 15 mil trabajadoras textiles salieron a las calles para exigir jornadas laborales más humanas, mejor salario y el derecho al voto. No pedían privilegios, pedían algo tan básico como ser tratadas como personas.

Dos años después, en 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, la activista alemana Clara Zetkin propuso instaurar un día internacional para visibilizar la lucha de las mujeres. La idea fue aceptada por más de 100 mujeres de 17 países. Todavía no tenía fecha fija, pero la semilla ya estaba plantada.

La fecha del 8 de marzo se consolidó tras un hecho que terminó de sacudir conciencias: el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York en 1911.
Murieron 146 trabajadores, la mayoría mujeres jóvenes inmigrantes. Muchas no pudieron escapar porque las puertas estaban cerradas con llave.
Sí, con llave. Para que no “perdieran tiempo” durante la jornada laboral. Aquella tragedia evidenció las condiciones brutales en las que trabajaban miles de mujeres en la industria.

Décadas después, en 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Desde entonces se convirtió en una fecha para reflexionar sobre derechos, desigualdad, violencia y participación social.

¿Pero por qué siguen marchando?
Ahora bien, alguien podría preguntar: ¿pero por qué siguen protestando si las cosas ya cambiaron? Pues porque sí han cambiado… pero no lo suficiente.
Hoy las mujeres estudian más que nunca, participan en la política, lideran empresas, hacen ciencia, dirigen hospitales, crean arte, investigan, gobiernan ciudades y países. En México incluso tenemos a una mujer en la presidencia de la República, algo que durante décadas parecía imposible. Pero al mismo tiempo la realidad también muestra otra cara.

Según datos de la ONU Mujeres, una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual en algún momento de su vida. En América Latina la violencia de género sigue siendo una de las principales preocupaciones sociales. En México, el problema de los feminicidios y la violencia doméstica continúa encendiendo alarmas.

Por eso el 8M no es una fiesta. Es más bien un recordatorio incómodo de que todavía hay pendientes. Las marchas, las protestas y los reclamos tienen ese trasfondo: exigir seguridad, igualdad de oportunidades, respeto y justicia.

No todas las mujeres marchan, no todas protestan de la misma manera, pero el mensaje de fondo suele ser el mismo: el mundo todavía no es igual de seguro ni de justo para ellas.

Y aquí es donde vale la pena hacer una pausa para algo que a veces se olvida entre gritos, consignas y discusiones en redes sociales.
La historia del 8M también es una historia de avances.

Hace poco más de cien años muchas mujeres ni siquiera podían votar. Hoy votan, gobiernan, legislan, investigan, lideran ejércitos, empresas y universidades. Muchas de las libertades actuales fueron conquistadas por generaciones que no tenían voz ni poder político. El mundo cambió porque ellas empujaron. Y sí, todavía falta camino.

Pero entender de dónde viene el 8 de marzo ayuda a ver el panorama completo. No se trata solo de pancartas o consignas, sino de una historia larga de lucha social, derechos laborales, participación política y reconocimiento humano.

En otras palabras, el 8M no es un día para regalar flores y ya. Es un día para recordar cómo empezó todo… y preguntarnos qué tanto hemos avanzado desde entonces.
Porque si algo enseña la historia es que los derechos nunca llegaron solos. Siempre hubo alguien que salió a la calle a exigirlos.




